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Source: KENT NISHIMURA / Getty

La relación entre la Casa Blanca y la Reserva Federal (FED) ha llegado a un punto de ruptura sin precedentes. El presidente Donald Trump ha intensificado su retórica contra Jerome Powell, prometiendo despedirlo fulminantemente si este opta por permanecer en su cargo como presidente del banco central después de que su mandato expire formalmente el próximo 15 de mayo.

Según reportes de The New York Times, esta amenaza marca un desafío directo a la independencia histórica de la institución financiera más poderosa del mundo.

El conflicto surge en un momento en que la administración Trump busca un control más estrecho sobre las tasas de interés, argumentando que una política monetaria más agresiva es necesaria para sostener el crecimiento económico.

Powell, por su parte, ha defendido la autonomía de la FED como un pilar para la estabilidad del dólar y el control de la inflación.

“La ley es clara sobre la protección de la presidencia de la Reserva Federal contra remociones por desacuerdos políticos”, han señalado analistas legales, sugiriendo que un despido forzado desataría una batalla constitucional inmediata.

Un cambio abrupto en la dirección de la FED podría afectar las tasas de las hipotecas, los préstamos para autos y el rendimiento de los ahorros.

En este 2026, la estabilidad económica depende de la confianza de los mercados, y una crisis de liderazgo en el banco central podría generar una volatilidad que encarezca aún más el costo de vida.

Con la fecha límite del 15 de mayo acercándose rápidamente, el mundo financiero observa con cautela si Powell decidirá dar un paso al costado o si se mantendrá firme, obligando al presidente a ejecutar una orden que cambiaría para siempre la relación entre el gobierno y la economía nacional.